Mientras la masividad del videojuego coexiste en Chile con un preocupante vacío regulatorio, las denuncias por ciberacoso y captación digital exponen la desprotección absoluta de la infancia. El impacto psicológico en las víctimas, la inmovilidad de los proyectos de ley en el Congreso y la omisión de las plataformas inmersivas en las guías estatales develan una crisis silenciosa donde el patio de recreo virtual se transforma, sin supervisión, en un territorio de alto riesgo.